Lo que aprendí en Viena
Justo estoy por subir en el avión que me devolverá a casa. He pasado dos semanas en Europa. La primera, para atender un taller para periodistas que convoca la National Press Foundation con la intención de darnos las claves y herramientas para cubrir, la siguiente semana, la XVIII Conferencia Internacional sobre VIH/SIDA.
En Viena se han reunido científicos, activistas y médicos de todo el mundo para compartir lo que cada quien sabe de la epidemia y su causante: el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Los periodistas vinimos para contarle al mundo lo que “realmente” sucede en esta cumbre. En mi esquizofrénico rol de periodista y persona que vive con VIH, he ido asimilando poco a poco las toneladas de información que recibí.
No he acabado, pero me quedaron claras algunas cosas: la primera es que hay dos epidemias. Una sucede en África, donde el VIH/sida ha hecho estragos en casi toda la población y urge encontrar una forma de evitar la transmisión sexual hombre-mujer. Por eso los resultados de un gel con tenofovir –un antirretroviral- parcialmente efectivo, hizo mucho “ruido” el día de su presentación en la conferencia. La otra epidemia ocurre en el resto del mundo. Y las principales poblaciones en riesgo son los usuarios de drogas inyectables y los hombres que tenemos sexo con hombres. Y es que la famosa guerra contra las drogas no ha hecho sino empeorar la situación de la epidemia en países donde las drogas inyectadas son ilegales y además perseguidas sin el menor respeto a los derechos humanos: Rusia y Ucrania, son un ejemplo.
Los hombres que tienen sexo con hombres estamos siendo víctimas del éxito del antirretrovirales: en los países donde están disponibles, cada vez más hombres abandonan las prácticas de sexo seguro. Menos de nosotros morimos de SIDA gracias a estos medicamentos, entonces una buena parte de los varones gays tienen la percepción de que ya no es necesario el condón. Terrible y lamentable error. En la conferencia se demostró que los tratamientos antirretrovirales controlan el virus y una persona medicada tienen 99% menos probabilidades de transmitirlo… Si los toma correctamente, es decir, no olvida sus dosis diarias y no tiene otras infecciones de transmisión sexual o no consume drogas (ojo con estos “peros”) y además se procura una vida saludable. Es una forma costosa de prevenir más infecciones (porque los esquemas farmacológicos siguen siendo caros), pero funciona: están los estudios que lo demuestran.
Yo sigo pensando que el condón es realmente nuestro mejor aliado. Es mejor detener el virus antes de que entre en nuestro cuerpo a controlarlo con medicamentos –que producen efectos secundarios muy fuertes, como fatiga crónica o alteraciones del colesterol o la glucosa- para no transmitirlo.
Eso lo sé por experiencia propia. Y no es una forma de prevención que le recomiende a nadie.

Gracias por esas informaciones bastantes interesantes.
Soy heterosexual pero siempre encorajo mis amigos a usar el condon. Es importante de quedarse informado y tu blog me dio algunas informaciones frescas.
Gracias a ti y suerte
Alexandre Georges
Posted by Alex on agosto 3rd, 2010 10:06